Fecundación in vitro

Por Natalia López Moratalla
I Parte

La situación biológica primordial del ser humano engendrado y del producido.
“El hombre resulta, como todo ser biológico, de la puesta en marcha de un proceso que llamamos “información genética” o herencia. Esta ofrece, como peculiaridad, la de preparar al ser vivo para un “último terminado (“urdimbre”) que le permitirle asimilar, incorporar, unas estructuras formales del ambiente a las estructuras organizadas por la herencia, le dotan de una máxima capacidad de adaptación dentro de su mundo peculiar. La llamada “necesidad de objeto” deriva pues, en el fondo, de un proceso genético, se confunde en cierto modo con la “herencia socio-genética” y es, por decirlo así, su manifestación visible en el mundo de la observación accesible al psicólogo y al psicoterapeuta. Pero tiene otras maneras de manifestarse, por ejemplo, en el “encuentro con el lenguaje” o con las “categorías lógico-matemáticas” en el “proceso de aprendizaje” (Piaget) o en el encuentro con los ritmos biológicos. Y en un plano más biológico aún, en el establecimiento de la autoinmunidad y de los enzimas adaptativos. Todos ellos fenómenos profundamente correlacionados y que nacen de una misma situación biológica primordial” (1). De acuerdo con Rof Carballo, lo originario es lo biológico que predispone para la primera interrelación o encuentro, que es afectivo, en concreto materno-filial, o tutorial en su defecto. Estos son los elementos fundantes de todo desarrollo humano: un esquema ascendente desde la información genética que permite dar cuenta de lo especifico de la vida del ser humano.
El proceso que constituye un nuevo ser humano es la fecundación. Con él se prepara la materia recibida de los progenitores para dar una unidad celular con las características propias (el fenotipo) de inicio o arranque de un programa de vida individual; esto es, con capacidad de comenzar a emitir o expresar el mensaje genético del nuevo individuo. El engendrar de los padres, la fecundación natural, acaba tras un delicado proceso, en la formación de una célula con un fenotipo característico, el cigoto, que inicia su ciclo vital. Tras completar el programa de desarrollo embrionario, el nuevo ser humano se convierte en individuo adulto, que, una vez alcanzada la madurez sexual, producirá gametos que le permitan participar en la transmisión de la vida. En casos de infertilidad, cuando por algún motivo no se produce la fecundación en forma natural, la tecnología ha hecho posible recurrir a una variedad de técnicas de reproducción asistida que permiten la procreación sin curar la esterilidad.
Intentemos mostrar las diferencias de la “situación biológica primordial” de hijo generado “técnicamente” respecto del hijo engendrado “normalmente”. O dicho con otras palabras, qué relaciones moleculares se pierden o debilitan cuando se recurre a la fecundación artificial. Consideraremos las relaciones moleculares e intercelulares en lo que se refiere:
a).- al “dialogo molecular” de los gametos paterno y materno,
b).- al “dialogo molecular” entre madre e hijo al paso de éste por las trompas en su camino al útero y, por último
c).- al establecimiento de una vida en común, una autentica simbiosis, al anidar en el seno materno.
Comenzaremos por señalar las técnicas empleadas para conseguir el inicio de una nueva vida.
Técnicas de fecundación asistida
Entre las técnicas de reproducción asistida cabe mencionar la inseminación artificial, la transferencia de gametos al oviducto, y una variedad de procedimientos in vitro que conducen a la unión del óvulo con el espermatozoide, o con células indiferenciadas de la línea germinal masculina. Entre estas últimas se cuentan la fecundación in vitro, la inyección intracitoplásmica de espermatozoides, o de progenitores de ellos. Aunque todas las mencionadas sean técnicas de concepción in vitro, sólo la “fecundación in vitro” (FIV) ha retenido este término y en cambio se utilizan términos diferentes para las otras técnicas.
La inseminación artificial consiste en el depósito de los espermatozoides en la cavidad uterina o en el cérvix uterino, sin o con tratamiento hormonal de la mujer para incrementar la producción de óvulos(2). La transferencia de gametos al oviducto (GIFT) se basa en la colocación simultánea de óvulos y espermatozoides en la trompa de Fallopio. Esta técnica es una forma de inseminación que acerca físicamente los gametos. Puede, por tanto, suponer una ayuda a la fecundación que no sustituye el engendrar natural, en cuanto que solamente aproxima los gametos permitiendoles interaccionar entre sí y activarse mutuamente. Sin embargo, en la actualidad su uso es muy limitado, a no ser que lo solicite expresamente la pareja, ya que es un procedimiento más caro y técnicamente más complicado que la de fecundación in vitro. Y sobre todo porque exige que los gametos tengan capacidad fecundante de suyo.
La fecundación in vitro de óvulos es una técnica de rutina en muchas clínicas de reproducción asistida(3); miles de niños han nacido con este procedimiento técnico que sustituye al engendrar de los padres. La técnica se basa en los trabajos de Robert Edwards que permitieron la fecundación in vitro de óvulos madurados también in vitro(4) y que llevó, pocos años más tarde, a conseguir el nacimiento de los primeros niños concebidos de esta forma(5). La técnica consiste esencialmente en la obtención de óvulos mediante la aspiración del contenido de los folículos ováricos, después de realizar una estimulación hormonal de la mujer. Lo óvulos se incuban in vitro en condiciones controladas, junto con espermatozoides. Los espermatozoides se preparan imitando las condiciones de la “capacitación” que experimentan en su paso por el tracto genital femenino. De esta forma pueden ser capaces de inducir la activación fisiológica del óvulo necesaria para la fecundación.
En 1992 nacían los primeros niños concebidos mediante el uso de la técnica de inyección intracitoplásmica de espermatozoides (ICSI) (6), que consiste en microinyectar un espermatozoide directamente en el citoplasma del óvulo, sin que se requiera la preparación fisiológica in vitro del espermatozoide. Ha resultado útil cuando el semen contiene pocos espermatozoides, o son inmóviles, incapaces de fecundar utilizando la técnica convencional.
Más tarde, en 1995, se ha conseguido el nacimiento de niños concebidos mediante microinyección de espermátidas redondas o elongadas(7). También se usa la inyección en óvulos de espermatocitos secundarios(8). Después de la inyección, tanto el núcleo del espermatocito secundario como el núcleo del óvulo, completan su segunda división meiótica, se elimina un cuerpo polar y se forman pronúcleos masculino y femenino. Estas técnicas se emplean en clínica cuando no se encuentran espermatozoides maduros en el semen y solo pueden localizarse células inmaduras.
Por ultimo, Kimura y col. (9) han demostrado que en ratones es posible generar crías viables y fértiles mediante microinyección de núcleos de espermatocitos primarios; sin embargo, sólo el 3,8% de los óvulos microinyectados llegan a término debido probablemente a anormalidades en la meiosis. Por este motivo se considera que aún no es aconsejable utilizar esta técnica en humanos.
Clonación reproductiva
Otras técnicas de reproducción asistida están relacionadas con la fecundación y el desarrollo temprano. Una de las aplicaciones potenciales de la clonación es su uso en algunos casos extremos de infertilidad por carencia de gametos. La transferencia de núcleo puede verse como un método no convencional de fecundación e iniciación del desarrollo. Aunque, después del nacimiento de la oveja Dolly(10), se ha logrado ya la clonación de individuos de una variedad de especies(11), la clonación sigue siendo, de todos modos, una técnica aún no eficiente si consideramos que, en general, sólo un 0,2 - 5% de los oocitos a los que se ha realizado una transferencia de núcleo continúan su desarrollo. Se han planteado varias dudas acerca de la salud, envejecimiento prematuro o la fertilidad, de los individuos clonados, y existen datos que indican que hay una mortalidad perinatal mayor en los mamíferos clonados(12).
Mortalidad embrionaria
Aunque los datos no permiten unas estadísticas muy precisas, es evidente que el porcentaje de embriones que detienen su desarrollo entre las etapas de cigoto y blastocisto es más elevada cuando la generación e inicio del desarrollo tiene lugar in vitro(13) que in vivo. Esto demuestra que la “situación biológica primordial” es esencial ya para el desarrollo temprano del embrión.
Un estudio publicado en 1954 mostró que hasta un 30% de los embriones tienen interrumpido su desarrollo antes del estadio de blastocisto(14). La causa mayor de pérdidas durante la gestación humana son las anormalidades cromosómicas. La proporción de gestaciones de embriones con anormalidad cromosómica decrece a lo largo del tiempo de gestación, desde un 5% a las 7 semanas, (15) hasta un 0,6% en recién nacidos. (16)
El análisis cromosómico de embriones humanos generados y cultivados in vitro ha puesto de manifiesto que hasta un 40% de ellos contienen anomalías cromosómicas. (17) Aproximadamente el 50% de los embriones preimplantatorios de 2 ó 4 células que se cultivan in vitro no llegan al estadio de blastocisto. (18) Además, sólo aproximadamente el 20% de los embriones de 4 células transferidos se implantan en útero. (19) Al menos tres causas podrían explicar esta detención del desarrollo: anormalidades cromosómicas, defectos intrínsecos del oocito y del embrión preimplantatorio.
Además hasta un 75% de los embriones humanos cultivados in vitro presentan fragmentación del citoplásma de sus células. La viabilidad de estos embriones tempranos está comprometida cuando esos fragmentos contienen proteinas que son esenciales para continuar con el desarrollo. (20) Sin embargo, en ocasiones, la existencia de fragmentos no es letal y constituyen estructuras transitorias que desaparecen por reabsorción o lisis. (21) Se han identificado también anomalías tales como fragmentación nuclear, (22) y la existencia de células binucleadas o anucleadas, posiblemente originadas como un fallo de la división celular. (23)
Recientemente se ha publicado que además de un mayor grado de malformaciones(24), se produce un aumento de secuelas neurológicas, como retraso mental y graves defectos de visión(25), en niños nacidos por aplicación de las técnicas de FIV respecto a los engendrados naturalemente. En resumen, la intervención técnica genera de suyo una tasa muy elevada de embriones no viables, con taras genéticas y alteraciones del desarrollo; esta tasa supera la mortalidad debida a perdidas de embriones defectuosos engendrados en los primeros días de vida.
Analizaremos ahora las interacciones de los gametos entre sí, y con el medio propio donde se fecundan naturalmente, y posteriormente las interacciones del embrión temprano y la madre a lo largo del trayecto del embrión desde las trompas al útero. Son interacciones muy precisas que alteran el desarrollo inicial del embrión cuando no se dan.

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