Técnica Invitro

A falta de argumentos y sustento científico e incluso jurídico, quienes apoyan y practican la técnica de Fertilización In Vitro en el país han utilizado el discurso para atacar y descalificar las creencias religiosas, la moral, la ética y hasta la bioética. Ellos han querido ignorar el inicio de la vida desde el momento de la concepción como lo establece nuestra Carta Magna y toda la legislación costarricense e incluso los instrumentos internacionales ratificados por nuestro país.

Han desconocido la posición de los especialistas en citogenética, en genética humana, en embriología y hasta la de los neonatólogos, invisibilizando todo argumento en contra de la FIV y poniendo ante la opinión pública solo los criterios de quienes aplican la técnica como un negocio, sin dar a conocer el verdadero trasfondo de sus intereses, que definitivamente no es el de las parejas infértiles, sino, el de la comercialización de embriones humanos a través de su congelación, y el de las malas prácticas de investigación que atentan contra la dignidad del ser humano.

Además, dentro del mismo negocio se abre la opción de los “vientres subrogados“ o “vientres de alquiler”, posibilidad que atenta tanto contra los concebidos como contra la mujer.

Por su parte, quienes practican la FIV también han incurrido en el error sistemático de desconocer las alternativas novedosas como opción para paliar la infertilidad, entre ellas el diagnóstico temprano, la cirugía de trompas y la naprotecnología.

Como país no podemos permitir que las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se conviertan en órdenes, delimitándonos a resolver el problema de la infertilidad con la implementación de una sola técnica, la cual, por cierto, no es la más efectiva, como lo afirman los especialistas de la Caja Costarricense de Seguro Social, quienes indican que la taza de efectividad de la FIV oscila entre un 15% y un 18%.

No debemos olvidar que dentro de los llamados derechos de tercera generación se esconde, lo que el Papa Juan Pablo II denominó “la cultura de la muerte”, es decir el aborto como derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

Es importante que el pueblo costarricense solicite a los diferentes medios de comunicación que se abra un debate público a través de espacios equitativos, con las diferentes aristas que tiene el tema, desde las posiciones políticas hasta las médico–científicas en sus dos versiones.

Artículo de opinión, Diputada Rita Chaves
http://www.diarioextra.com/2011/julio/08/opinion05.php